La parte fácil es poner el número. La difícil es usarlo de forma que sirva para algo.
BPM son beats per minute: pulsos por minuto. A 60 BPM cae un pulso cada segundo; a 120, dos por segundo. Nada más.
Lo que no dice el número es qué figura es el pulso. «120 BPM» en un compás de 4/4 normalmente significa 120 negras por minuto, pero en un 6/8 el pulso suele ser la negra con puntillo, y entonces 120 BPM son 360 corcheas por minuto. Por eso una partitura escribe ♩ = 120 y no sólo «120»: la figura forma parte de la indicación.
| Indicación | BPM aproximados | Cómo se siente |
|---|---|---|
| Largo | 40–60 | Muy lento, solemne |
| Adagio | 66–76 | Lento, tranquilo |
| Andante | 76–108 | Al paso de alguien que camina |
| Moderato | 108–120 | Moderado |
| Allegro | 120–168 | Rápido y alegre. Casi todo el pop vive aquí |
| Vivace | 168–176 | Vivo |
| Presto | 168–200 | Muy rápido |
| Prestissimo | 200+ | Lo más rápido que se puede tocar |
La regla es tocar al tempo al que te sale bien la primera vez y todas las veces, no al que casi te sale. Repetir un pasaje mal a 100 BPM no lo mejora: consolida el error. Baja hasta que salga limpio, aunque sea a 50.
Tres repeticiones seguidas sin fallo, y subes 5 BPM. Un fallo, y bajas 5. Es lento y funciona; el sistema entero cabe en esas dos frases.
Poner corcheas o semicorcheas te sujeta al principio y te enseña dónde caen las notas entre pulso y pulso. Pero apoyarse en ellas siempre es una muleta: en cuanto el pasaje salga, vuelve al pulso a secas.
Cuando el pasaje esté cómodo, prueba con el metrónomo sonando sólo en el 2 y en el 4. Es el ejercicio clásico del jazz, y es duro: tú llevas el tiempo y el metrónomo sólo confirma. El siguiente escalón es un clic por compás, y el siguiente, uno cada dos compases.
Ponte a tocar tomando el clic como si fuera la segunda corchea del pulso, o el contratiempo. Es incómodo a propósito: si sabes tocar contra el clic sin apoyarte en él, el tempo es tuyo y no del aparato.
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Descárgala en la App StoreEs la queja más habitual con los metrónomos, y tiene una explicación física: si el clic comparte rango de frecuencias con tu instrumento, tu oído lo mezcla con lo que estás tocando y deja de oírlo justo cuando más falta hace. Un beep agudo desaparece bajo unos platillos; un bloque de madera se pierde entre las cuerdas graves de un piano.
La solución es tener varios timbres y elegir el que no se parezca a lo que suena: madera o clave para instrumentos de cuerda, algo más agudo y metálico contra una batería, un golpe seco contra una voz. Y la solución definitiva en un ensayo ruidoso es no usar el oído: el pulso por vibración en la muñeca se siente cuando el altavoz ya no se oye.
Es habitual leer que estudiar siempre con metrónomo mata el fraseo. Lo que mata el fraseo es estudiar sólo con metrónomo. El aparato sirve para dos cosas muy concretas —descubrir dónde se te acelera y consolidar un pasaje difícil— y para nada más. La música tiene rubato, respiraciones y finales de frase que se estiran, y eso se practica sin clic. Lo sano es alternar: con metrónomo para construir, sin él para tocar.